Un conocido evangelista dijo: “Cuesta diez por ciento de esfuerzo ganar a una persona para Cristo, pero cuesta noventa por ciento hacer que permanezca en la fe”. La verdad de estas palabras se hace evidente en la medida que el número de conversiones se multiplica en una congregación.

Una iglesia que aplique los principios del sistema celular pronto comenzará a ver resultados. Los nuevos conversos vendrán y entonces es cuando el verdadero trabajo comenzará. Para cerrar la puerta del fondo es necesario tomar medidas de atención y cuidado para los nuevos conversos.

Las primeras semanas después de la conversión son críticas en la vida de una persona. Por ello, es necesario entrenar a los miembros de la célula no sólo en ganar almas sino también en cuidarlas. Este cuidado inicia con cuatro visitas que se realizan, una por semana, a los nuevos conversos.

El líder debe capacitar a los miembros de su célula para realizar dichas visitas y debe llevar un control de la manera en que están siendo realizadas.

La visita debe ser en un espíritu cordial, de fortalecimiento, de verdadero interés por el nuevo converso. Dado que la mayor parte de personas que son ganadas para Cristo en una célula han sido invitadas por un miembro de la misma célula, es conveniente que las visitas las haga la persona que comenzó invitando a dicha persona.

La primera visita tiene como propósito explicar y reafirmar lo que significa haber recibido a Jesús como salvador.
La segunda visita tiene por objeto enseñar a los nuevos conversos sobre la virtud de la oración.
La tercera visita tiene como finalidad explicar la importancia de la lectura de la Palabra y animar a la persona a comenzar a leerla cotidianamente.
Finalmente, la cuarta visita, es una explicación sobre lo que es el bautismo en agua y el procedimiento que se necesita para recibirlo.

Con estas cuatro visitas se habrá atendido al nuevo converso durante su primer mes de vida cristiana lo cual es ya un paso importante.
Pero, eso no significa que dicha persona no ha de volver atrás.

Cada cristiano necesita un mentor y éste debe serlo por tiempo indefinido o para siempre. El hecho de haber culminado las visitas programadas no significa que el hermano mentor ha finalizado ya su tarea.

El cuidar de un alma es un trabajo que demanda disposición, amor por el prójimo, abnegación y lealtad. El mentor debe estar al tanto del desarrollo espiritual del nuevo cristiano. Debo orientarlo, alentarlo y animarlo a participar activamente de la obra de Dios. En caso de enfermedad u otra clase de dificultades, el mentor debe ser el primero en salir en busca de su oveja.

Este cuadro demanda un nuevo paradigma del cuidado pastoral. Ya no es posible continuar conservando la idea que el Pastor es quien visita, aconseja, alienta, exhorta y consuela a los santos. En el modelo celular es necesario rescatar el concepto del Nuevo Testamento del sacerdocio de todos los santos para animarse los unos a los otros. Para tener cuidado los unos por los otros.

Al cuidar de los aspectos espirituales, físicos y materiales de los miembros de la célula será posible desarrollar en cada persona un sentido de pertenencia a la iglesia celular por numerosa que ésta sea.

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